EN LA CIMA, POR VICTOR OLAVARRIA
Es hora de los homenajes y recuerdos. A un año de la celebración del día del Libro 2005, publicamos el cuento "En la Cima" de Víctor Olavarría (4º medio), texto ganador del concurso literario del año pasado y que participó en el Torneo Interescolar de Cuentos de la Universidad Andrés Bello. Solo nos resta invitarles a disfrutarlo...
En la
Cima
Siempre creí que estaba hasta arriba. Era un jefe de la mafia, nunca me preocupé mucho por esto, era algo tan común en mi familia que podía llegar a asustar. Siempre fuimos uno de los grupos más respetados y más temidos en el bajo mundo, nunca con miedo a ninguna autoridad; como decía mi padre “el día que alguien en esta familia empiece a tener miedo a una autoridad de la ley y o propague, se terminará nuestra época”. Nunca le di mucha importancia a esta frase ya que consideraba no tonto sino estúpido el temerle a algo que en aquellos días, con mostrar un par de billetes quitaba de mi camino.
Cuando mi padre agonizaba dijo algo que llegó a estremecerme: “ten miedo a los ojos blancos como la luna”. En cuanto terminó esta frase sus ojos se cerraron y se vieron envueltos en las tinieblas. Tras ver esto le hice una promesa a su cuerpo, llevaría el negocio de la familia tal y como él lo hizo.
Al día siguiente vi que si quería cumplir con mi promesa tendría que esforzarme al máximo; rápidamente logré llevar el mismo ritmo de trabajo que mi padre. Cuando por fin logré tener todo en orden y tomar el control. sentí que no podía haber nadie más poderoso. Sentía que la cima del mundo no era algo imposible ya que yo lo era.
Todo continuó normal hasta esa noche cuando la conocí, mientras atemorizaba a uno de los muchos dueños de locales y restaurantes que me pagaban por protección. Era bella, con un cuerpo increíble, una sonrisa hermosa, un pelo envidiable por cualquier dios unos ojos blancos como lunas.
No tardé en enamorarme de ella y decidí conocerla mejor. Al poco tiempo fuimos más que solo una pareja de enamorados. No debió pasar más de medio año para que nos casáramos.
Algo que me extrañó fue que siempre quiso que viviéramos en piezas separadas, algo muy curioso en una pareja joven. Poco tiempo después, dejé de darle importancia, pero meses más tarde empezaron a ocurrir eventos extraños.
Noche por medio desaparecía uno de mis hombres y al otro día aparecían enterrados en la rama de un árbol con un cuchillo clavado en una mano y una extraña cicatriz circular en la otra. Cuando ya empezó a pasar todos los días, hice que todos mis hombres patrullaran durante la noche en grupos de 4 personas, bien armados y que el quisiera salir debía pedirme permiso, darme un razón y salir acompañado por otros cinco.
Por uno o dos meses los asesinatos pararon, pero como no encontré al autor seguía preocupado y mantenía la misma guardia. Todo transcurrió así hasta se momento. Ese día todo parecía calmado y estaba pensando en bajar la guardia cuando fui a mi oficina cerré las puertas con llave y comencé a trabajar. Después de 2 horas, noté que no había escuchado pasar a la ronda de guardia en un largo rato y decidí buscarlo por las cámaras para ver quienes eran y darles un escarmiento por descansar en sus horas de trabajo; pero no encontré a nadie afuera.
Decidí buscar adentro de mi casa, sin embrago, no encontré nada; nadie se veía caminando por la casa ni se escuchaba ningún sonido. Todo estaba extrañamente silencioso. Decidí salir de mi oficina y buscarlos personalmente. Cuando traté de abrir la puerta, no pude. Noté que algo estaba haciendo una fuerza para no dejarme salir, me eché para atrás con el fin de pegarle a la puerta y la logré abrir. Cuando me di vuelta para ver qué era lo que no me dejaba salir, noté horrorizado que se trataba uno de los mis sirvientes, pero estaba muerto y con el cuchillo y la cicatriz en sus manos corrí a buscar a uno de mi hombres para que me ayudara. Pero cada vez que me acercaba a una puerta veía que en cada una de ellas había un cadáver clavado a esta.
Noté algo curioso, en la puerta de mi mujer no había nada. Pensé que el asesino estaba adentro, matándola para luego clavarla. Tomé una de mis armas y me dispuse entrar. No había nadie, todo estaba tranquilo, pero noté que estaba lleno de libros con imágenes de cadáveres desfigurados. De alguna forma mientras seguía viendo esto, sentí un fuerte golpe en mi cabeza lo que me hizo desmayar.
Cuando desperté, estaba amarrado y sentada en una silla se encontraba mi mujer; le pedí que me ayudara una y otra vez, pero era inútil. Cuando me hizo la cicatriz clásica de los asesinatos en mi mano para después clavarme el cuchillo en la otra, cuando le pregunté por qué lo hacía, me respondió que era la hija de el dueño de uno de los almacenes al que yo había atormentado hasta suicidarse y me contó todo desde como logró conocerme hasta como mató a todos.
Cuando por fin terminó de hablar dijo “ahora te toca a ti”; le rogué una y otra vez que parara pero no me escuchó. Lo último que vi fue la ensangrentada rama de un árbol atravesándome el vientre y supe que todo había terminado para mí.
Victor Olavarría
En la
Cima
Siempre creí que estaba hasta arriba. Era un jefe de la mafia, nunca me preocupé mucho por esto, era algo tan común en mi familia que podía llegar a asustar. Siempre fuimos uno de los grupos más respetados y más temidos en el bajo mundo, nunca con miedo a ninguna autoridad; como decía mi padre “el día que alguien en esta familia empiece a tener miedo a una autoridad de la ley y o propague, se terminará nuestra época”. Nunca le di mucha importancia a esta frase ya que consideraba no tonto sino estúpido el temerle a algo que en aquellos días, con mostrar un par de billetes quitaba de mi camino.
Cuando mi padre agonizaba dijo algo que llegó a estremecerme: “ten miedo a los ojos blancos como la luna”. En cuanto terminó esta frase sus ojos se cerraron y se vieron envueltos en las tinieblas. Tras ver esto le hice una promesa a su cuerpo, llevaría el negocio de la familia tal y como él lo hizo.
Al día siguiente vi que si quería cumplir con mi promesa tendría que esforzarme al máximo; rápidamente logré llevar el mismo ritmo de trabajo que mi padre. Cuando por fin logré tener todo en orden y tomar el control. sentí que no podía haber nadie más poderoso. Sentía que la cima del mundo no era algo imposible ya que yo lo era.
Todo continuó normal hasta esa noche cuando la conocí, mientras atemorizaba a uno de los muchos dueños de locales y restaurantes que me pagaban por protección. Era bella, con un cuerpo increíble, una sonrisa hermosa, un pelo envidiable por cualquier dios unos ojos blancos como lunas.
No tardé en enamorarme de ella y decidí conocerla mejor. Al poco tiempo fuimos más que solo una pareja de enamorados. No debió pasar más de medio año para que nos casáramos.
Algo que me extrañó fue que siempre quiso que viviéramos en piezas separadas, algo muy curioso en una pareja joven. Poco tiempo después, dejé de darle importancia, pero meses más tarde empezaron a ocurrir eventos extraños.
Noche por medio desaparecía uno de mis hombres y al otro día aparecían enterrados en la rama de un árbol con un cuchillo clavado en una mano y una extraña cicatriz circular en la otra. Cuando ya empezó a pasar todos los días, hice que todos mis hombres patrullaran durante la noche en grupos de 4 personas, bien armados y que el quisiera salir debía pedirme permiso, darme un razón y salir acompañado por otros cinco.
Por uno o dos meses los asesinatos pararon, pero como no encontré al autor seguía preocupado y mantenía la misma guardia. Todo transcurrió así hasta se momento. Ese día todo parecía calmado y estaba pensando en bajar la guardia cuando fui a mi oficina cerré las puertas con llave y comencé a trabajar. Después de 2 horas, noté que no había escuchado pasar a la ronda de guardia en un largo rato y decidí buscarlo por las cámaras para ver quienes eran y darles un escarmiento por descansar en sus horas de trabajo; pero no encontré a nadie afuera.
Decidí buscar adentro de mi casa, sin embrago, no encontré nada; nadie se veía caminando por la casa ni se escuchaba ningún sonido. Todo estaba extrañamente silencioso. Decidí salir de mi oficina y buscarlos personalmente. Cuando traté de abrir la puerta, no pude. Noté que algo estaba haciendo una fuerza para no dejarme salir, me eché para atrás con el fin de pegarle a la puerta y la logré abrir. Cuando me di vuelta para ver qué era lo que no me dejaba salir, noté horrorizado que se trataba uno de los mis sirvientes, pero estaba muerto y con el cuchillo y la cicatriz en sus manos corrí a buscar a uno de mi hombres para que me ayudara. Pero cada vez que me acercaba a una puerta veía que en cada una de ellas había un cadáver clavado a esta.
Noté algo curioso, en la puerta de mi mujer no había nada. Pensé que el asesino estaba adentro, matándola para luego clavarla. Tomé una de mis armas y me dispuse entrar. No había nadie, todo estaba tranquilo, pero noté que estaba lleno de libros con imágenes de cadáveres desfigurados. De alguna forma mientras seguía viendo esto, sentí un fuerte golpe en mi cabeza lo que me hizo desmayar.
Cuando desperté, estaba amarrado y sentada en una silla se encontraba mi mujer; le pedí que me ayudara una y otra vez, pero era inútil. Cuando me hizo la cicatriz clásica de los asesinatos en mi mano para después clavarme el cuchillo en la otra, cuando le pregunté por qué lo hacía, me respondió que era la hija de el dueño de uno de los almacenes al que yo había atormentado hasta suicidarse y me contó todo desde como logró conocerme hasta como mató a todos.
Cuando por fin terminó de hablar dijo “ahora te toca a ti”; le rogué una y otra vez que parara pero no me escuchó. Lo último que vi fue la ensangrentada rama de un árbol atravesándome el vientre y supe que todo había terminado para mí.
Victor Olavarría


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